El Castillo de Castelldefels vuelve a ser escenario de nuevos hallazgos arqueológicos. Después de que el pasado verano se descubriera una tumba de época romana con los restos de una persona adulta, las obras de reforma de los lavabos de los jardines han permitido localizar nuevos elementos que podrían modificar la cronología conocida de uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad.
En concreto, los trabajos han sacado a la luz cuatro troneras que apuntan a una antigüedad mayor de la que se atribuía hasta ahora a la base de la torre 0. Estos elementos defensivos se habrían construido entre los siglos XIV y XV, mientras que hasta el momento el basamento de esta torre se situaba entre los siglos XVIII y XIX.
El descubrimiento amplía las hipótesis sobre la evolución arquitectónica del Castillo y apunta a la posible existencia de una estructura fortificada anterior a la construcción del edificio del siglo XVI.
Una posible fortificación anterior al Castell del siglo XVI
Los dos muros que sobresalen de la torre parecen configurar una estructura defensiva diferente de la que se conocía hasta ahora. En lugar de tratarse de una torre cilíndrica aislada, los elementos localizados apuntan a una construcción fortificada que podría ser anterior al Castell del siglo XVI.
La aparición de las cuatro troneras constituye uno de los principales hallazgos de esta intervención, ya que aporta nuevos indicios para estudiar las distintas fases constructivas del conjunto monumental y revisar la cronología de algunos de sus elementos.
Los trabajos de restauración también han permitido documentar otros elementos históricos en el interior de la torre. Allí se han conservado grafitis realizados por miembros de las Brigadas Internacionales. Además, la intervención en la parte superior de la cúpula ha dejado al descubierto una llama que coronaba la torre a modo de antorcha.
Las obras de los nuevos lavabos permiten estudiar las estructuras históricas
El proyecto de reforma de los lavabos de los jardines del Castillo comenzó con la valoración de la torre 3, fechada en el siglo XVI. El análisis inicial se centró en su relación con la muralla y con las torres 2 y 4, también correspondientes a esa época, vinculada al conocido como segundo Castillo.
Con el inicio de los trabajos de desmontaje de los lavabos y de las soleras, la intervención permitió poner en valor la obra medieval presente en el conjunto.
Paralelamente, se inició una investigación de los estucos históricos para identificar los acabados originales y las distintas intervenciones realizadas a lo largo del tiempo. Este estudio permitió determinar la existencia de revestimientos y encalados de diferentes épocas, que constituyen testimonios históricos comparables a los documentados en otros puntos del Castillo.

